viernes, 29 de junio de 2012

Reacciones, rodeos, miradas: sólo un latino


Jorge envidiaba la otra vida de JW: Stureplan. Jorge había ido de fiesta por ahí muchísimas veces. Había invitado a pibas a tomar champán a lo grande. Había comprado a los porteros, se había saltado las colas. Había conseguido llevarse rollos a casa de lo que había en el mercado de carne.
Sin embargo faltaba algo. Veía a los chicos suecos. Por mucha plata que gastara no alcanzaba nunca su nivel. Jorge lo notaba. Cada extranjero de la ciudad lo notaba. Por mucho que lucharan, se pusieran cera en el pelo, compraran la ropa correcta, fueran honorables y tuvieran cochazos, no formaban parte de ellos.
La humillación siempre estaba a la vuelta de la esquina. Se notaba en las reacciones de los empleados, en los rodeos que daban las ancianas en las veredas y en las miradas de los policías. Aparecía en los ojos de los porteros, las muecas de las chicas, los gestos de los camareros. El mensaje, más claro que la política de segregación de la ciudad de Estocolmo; al final siempre eres sólo un latino.

(Jens Lapidus, Dinero fácil, Buenos Aires, Suma de letras, 2009, pg 417)

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