lunes, 18 de junio de 2012

Unos tipos en el túnel

Pelham uno dos tres, John Godey



Estamos en Nueva York a comienzo de los setenta. Un grupo de cuatro delincuentes secuestra un tren del metro. Es el que sale de la estación de Pelham Bay a la 1:23 PM, es decir, el Pelham uno dos tres. ¿Qué pretenden los secuestradores? Un millón de dólares. Que sean imposibles de rastrear, en determinada proporción de billestes de 50 y 100. Las autoridades dispondrán de una hora para cumplir con el pedido. Si no, un pasajero morirá por cada minuto que se pasen del tiempo indicado. Esa es toda la anécdota. Parece poco, pero si al autor sabe, es suficiente para quedar atrapado: ¿pagarán las autoridades, o tendrán los secuestradores que ponerse a matar gente? ¿Cómo van a escapar? ¿Cómo reaccionarán los pasajeros?

Para narrar los acontecimientos de esas horas terribles, Godey, con buen criterio, elige una estructura de tipo coral, con narraciones en tercera persona. Es decir, va moviendo la “cámara” de un personaje a otro para mostrarnos los distintos puntos de vista mientras la historia avanza. De algunos de ellos nos cuenta un poco más. Así sabemos que Ryder, el gélido jefe de los secuestradores —lejos, el mejor de los personajes—, es un mercenario que ha peleado en guerras internas en el África. Y que Longman, otro de los delincuentes, fue empleado en el metro de Nueva York. O conocemos la extraña relación que el policía Tom Berry mantiene con su novia Dedee.

A la vez que sostiene la tensión con gran habilidad, Godey entrega un relato muy verosímil. Se ve que hizo un trabajo muy serio al documentarse para esta novela. La descripción de los procedimientos de las autoridades de transporte y de la policía, y del funcionamiento del sistema ferroviario es minuciosa. Al punto tal que algunos dicen que la aparición y el éxito de la novela (y de la primera película) forzaron al rediseño de ciertas medidas de seguridad, ya que se consideró que el plan que revelaba tenía gran posibilidad de éxito en la vida real.

Además de thriller, Pelham es una buena pintura del tipo de sociedad que constituían los neoyorquinos por aquellos años. La creciente importancia de los derechos civiles —estamos al final de Vietnam— que viene conquistando la ciudadanía; la presencia de grupos de choque de la comunidad negra, como los Panteras; el feminismo militante; la actitud de la policía, reacia a reconocer todos estos cambios. Godey despliega un sentido del humor de acidez extraordinaria, con el que, por ejemplo, ridiculiza al alcalde y otras autoridades de la ciudad.

Este sentido del humor es uno de los puntos fuertes de la novela. Es más: me atrevería a decir que su incorrección política al tocar algunos de estos asuntos, como el feminismo, o los derechos de las minorías, o el retrato de la policía “represora” la hubieran convertido en una novela de difícil publicación en estos días pasteurizados. Claro que su carácter de best seller clásico permite pasar por alto este detalle y publicarla de nuevo ahora. De cualquier forma, es una buena noticia que así haya sido.

El segundo punto ganador de la novela es la tensión constante a lo largo del texto, hasta cierto momento —no puedo revelarlo— en el que la acción se acelera de una forma tal que a mí me resultó imposible largar el libro hasta ver el final. Que, dicho sea de paso, Godey resuelve de manera magistral. Un final de esos que quedan en el recuerdo.

Pelham uno dos tres fue llevada al cine en dos oportunidades. La primera en 1974 (tráiler acá). La segunda, en 2009 por Tony Scott (ver tráiler), con John Travolta y Denzel Washington en los protagónicos (más o menos al mismo tiempo en que fue editada por la colección Roja & Negra de Mondadori/Fresán: no sólo acertada sino también oportuna decisión). Vi sólo esta segunda versión: las diferencias con el texto son abrumadoras. Los personajes son bien diferentes, en especial el de Ryder/Travolta. El final es muy distinto. A mí la película me gustó, pero más allá de la idea del secuestro, no tiene mucho que ver con esta muy entretenida novela.

Traducción de J. Ferrer Aleu

4/12

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