viernes, 25 de septiembre de 2015

Otra historia de dos ciudades

La ciudad y la ciudad, China Miéville

Sin ser lector habitual de ciencia ficción o fantástico, mantengo el interés por dos autores británicos contemporáneos. Uno es M. John Harrison y el otro es China Miéville. Grande fue mi sorpresa cuando encontré un libro de este último en la sección de “policiales” de una librería porteña. Lo primero que pensé fue en un error de clasificación de algún librero novato. Leí la contratapa y, en cuanto pude sobreponerme al bizarro comentario que mezcla a Philip K. Dick, a Chandler y a Kafka en una improbable genealogía, decidí darle una oportunidad.

La ciudad y la ciudad relata la investigación de un asesinato. La lleva a cabo el inspector Tyador Borlú, también narrador. La acción comienza en la ciudad de Besźel, en algún lugar del este de Europa, en uno de cuyos suburbios aparece el cadáver de una chica. La hipótesis inicial de que se trata de una prostituta local es reemplazada enseguida por otra de implicancias mucho, muchísimo más inquietantes: la víctima vivía en otra ciudad, en Ul Qoma. ¿Qué tiene esto de terrible? Veamos.

Besźel y Ul Qoma, las dos ciudades del título, son las verdaderas protagonistas del libro. Rivales y hermanas, no son solamente vecinas sino que en muchas zonas hasta comparten el mismo espacio físico. Son sus zonas entramadas. Sin embargo, los habitantes de una y otra no pueden relacionarse. Vestidos con modas distintas, hablando besź e ilitano, no pueden siquiera verse, aunque pasen a centímetros mientras caminan por una calle que “topordinariamente” es única pero que, por supuesto, tiene nombres y arquitecturas distintas en Besźel y en Ul Qoma. Esta extraña superposición, que poco tiene de frontera física y que es casi íntegramente política y cultural, no afecta sólo a los espacios públicos: en un mismo edificio puede haber una puerta que pertenezca a una ciudad, y otra a su opuesta, con vecinos que deben ignorarse. Técnicamente, más que ignorarse, deben desverse, desolerse, desoírse, y toda una serie de des-acciones que forman parte de la educación ciudadana de los besźelíes y los ulqomanos. No hacerlo conlleva cometer una “brecha”, transgresión inadmisible para un Sistema cuyo brazo armado, una especie de fuerza de seguridad omnipresente y de poder ilimitado llamada justamente la Brecha, se ocupa de resolver y castigar ese tipo de crímenes de la manera más expeditiva: con la desaparición de los culpables.

Borlú no tarda en comprender que el caso (habitante de una ciudad, cadáver en otra) es de implicancias muy oscuras, y su primera idea es lavarse las manos y tirarle el muerto a la Brecha. Sin embargo, cuando las autoridades rechazan la existencia de esa “brecha”, él se ve obligado a continuar con la investigación. En ese periplo deberá viajar a Ul Qoma para trabajar con su par Qussim Dhatt, detective de la militsya ulqomana. Sufriendo la hostilidad de todo tipo de organizaciones —desde los ultranacionalistas de ambos lados hasta los unionistas—, Borlú encontrará que la chica era una agitadora y estudiante involucrada en investigaciones arqueológicas relacionadas con la Escisión —evento histórico del que poco se sabe pero que está en el origen del extraño vínculo de las ciudades— y con la mítica tercera ciudad de Orciny, asuntos ambos profundamente subversivos.

A pesar de que el magnetismo central está en el escenario maravilloso que construye Miéville, La ciudad y la ciudad es por su estructura, por su lenguaje, por su investigador arquetípico, por su contexto urbano, una novela negra hecha y derecha: una investigación policíaca en riesgo permanente de transgredir las fronteras, amenazada por un burocracia monstruosa, de ribetes kafkianos. Sin embargo, la concepción de este mundo de ciudades superpuestas, tan perfecta y obsesivamente ensamblado, tan verosímil, es lo que  hace de ella también una historia de ciencia ficción que propone distintos planos de lectura, más o menos alegóricos. ¿Cuánto de esa eficaz verosimilitud apela a la experiencia y el conocimiento que tiene el lector de las muchas ciudades que conviven sin conexión en cualquiera de las grandes urbes reales que habitamos en este siglo XXI? ¿Cuántas fronteras mentales, morales, psicológicas, culturales nos mantienen cercados en nuestra pequeña ciudad, “topordinariamente” incluida dentro/sobre otra ciudad más grande? En otras palabras, ¿cuánto vas a desver y desoír en un rato cuando camines por tus calles?

Afortunadamente, las fronteras entre los géneros son bastante más permeables que las que vinculan a Besźel y Ul Qoma. Y no hay ninguna Brecha que castigue a los lectores que las atraviesan. Animate a poner un pie en el fantástico, y sumergite en las calles de La ciudad y la ciudad. Vas a coincidir conmigo en que merece cada uno de los premios que obtuvo (más allá del puro marketing que los editores volcaron en aquella extraña frase de la contratapa que casi me hacer pasar de largo).

Bonus track: en la edición de La Factoría de Ideas que leí se incluye (al final del libro, debido a los spoilers) una interesantísima entrevista al autor.

Traducción: Silvia Schettin Pérez


08/15

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